Ad image

“Chocolate Bienestar”: el dulce escaparate del gobierno de Claudia Sheinbaum en medio de la precariedad alimentaria.

Jorge Guzmán Mtz
4 Lectura mínima

NACIONAL.- Con bombos y platillos, el gobierno federal presentó esta semana el Chocolate Bienestar, un nuevo producto impulsado por el programa Alimentación para el Bienestar. El anuncio, realizado desde Palacio Nacional por la secretaria María Luisa Albores González, muestra lo que parece ser el nuevo rostro del asistencialismo alimentario en el sexenio de Claudia Sheinbaum: cacao, discurso y romanticismo rural.

El chocolate (en barra, en polvo y de mesa) tendrá un precio que oscila entre los 14 y 96 pesos, y será distribuido en fases a través de las Tiendas de Bienestar. Según la funcionaria, el proyecto busca honrar la identidad indígena y fortalecer la nutrición nacional. Pero mientras se ensalza el valor del cacao, la cruda realidad de la inseguridad alimentaria en millones de hogares mexicanos permanece sin solución real.

Una estrategia dulcificada… pero con sabor a simulación.

El programa presume haber destinado más de 34 mil millones de pesos para comprar 160 toneladas de cacao a poco más de 1,800 productores, muchos de ellos participantes del ya cuestionado Sembrando Vida. Pero en un país donde casi 30 millones de personas viven con carencias alimentarias, el lanzamiento de un chocolate estatal no deja de parecer una distracción frente a los problemas estructurales del campo, la pobreza y el acceso a alimentos básicos.

El chocolate podrá tener antioxidantes y vitamina D, como celebró Albores, pero difícilmente resolverá la desnutrición, la obesidad infantil o la falta de infraestructura productiva en las regiones más rezagadas.

El regreso del símbolo antes que la solución.

En pleno siglo XXI, el cacao ha sido convertido en símbolo de resistencia y orgullo nacional. Pero no hay símbolo que sustituya una política integral de alimentación, y el gobierno de Sheinbaum parece caminar por la misma vía propagandística que su antecesor: productos con “sello popular”, mientras persisten las carencias en clínicas rurales, escuelas sin comedores y comunidades sin agua potable.

Los más críticos incluso señalan el uso electoral de programas como este, cuya implementación coincide con los primeros meses del nuevo sexenio. La distribución en fases, privilegiando entidades del centro y sur del país (zonas con fuerte capital político para Morena), también despierta suspicacias sobre la intención real detrás del Chocolate Bienestar.

¿Chocolate para el escaparate?

En lugar de reformas estructurales o una agenda sólida de soberanía alimentaria, el nuevo gobierno parece apostar por el efecto mediático de productos como este. Las cifras son contundentes: mientras se destinan millones a un producto de consumo simbólico, México sigue importando más del 40% de los alimentos que consume y el campo mexicano sufre abandono, violencia y migración forzada.

El Chocolate Bienestar ya está en camino a las tiendas. Pero en las casas donde no hay tortillas, leche o empleo digno, el gesto sabe a poco. Y a estas alturas del sexenio, lo que el país necesita no es otro “producto estrella”, sino una política alimentaria sin maquillaje, sin folclor y sin demagogia.

Comentarios de Facebook
Comparte este artículo
Seguir:
Periodista. Director de Región Sur Gto. Gamer y creador de contenido. Fan del terror, del cine y de la televisión.