NACIONAL.- El choque del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, ocurrido en diciembre de 2025 en Oaxaca, ya quedó marcado como una de las páginas más oscuras del ferrocarril mexicano. De acuerdo con especialistas y recuentos históricos, el siniestro es considerado el tercer accidente ferroviario más fuerte ocurrido en el país, solo por debajo de dos tragedias que en el siglo XX cobraron cientos de vidas.
Más allá del saldo inmediato, el accidente golpeó de lleno a uno de los proyectos emblemáticos del actual modelo de desarrollo nacional. El Tren Interoceánico, presentado como símbolo de modernización, conectividad y seguridad logística, terminó envuelto en una escena de destrucción, vías retorcidas y una intensa movilización de cuerpos de emergencia que evidenció la magnitud del impacto.
Un choque que sacude al proyecto estratégico.
El siniestro ocurrido en territorio oaxaqueño provocó daños severos a la infraestructura ferroviaria y obligó al despliegue de personal de rescate, seguridad y protección civil. Aunque las investigaciones oficiales continúan, la violencia del impacto y el nivel de destrucción colocaron de inmediato el accidente entre los más graves de la historia moderna del ferrocarril en México.
El hecho resulta aún más inquietante por tratarse de un proyecto catalogado como estratégico a nivel nacional, lo que reaviva las dudas sobre los estándares de seguridad, la supervisión técnica y la prisa con la que se han impulsado grandes obras de infraestructura.
Las tragedias que persiguen al ferrocarril mexicano.
La historia ferroviaria del país está marcada por episodios devastadores:
El trenazo de Saltillo (1972).
El 4 de octubre de 1972, el tren de pasajeros El Peregrino descarriló en una zona de pendiente pronunciada. El saldo fue de 234 personas muertas, muchas de ellas calcinadas, en el accidente ferroviario más mortífero registrado en México.
Colapso del puente San Rafael River, Sinaloa (1989).
El 10 de agosto de 1989, un puente colapsó mientras un tren lo cruzaba. Varios vagones cayeron al río y el saldo fue de 112 personas fallecidas y más de 200 heridas, en una tragedia que evidenció fallas estructurales críticas.
Choque del Tren Interoceánico, Oaxaca (2025).
El accidente de diciembre de 2025 se suma ahora a esta lista negra, no por el número de víctimas —menor al de las tragedias históricas—, sino por la fuerza del impacto, los daños generados y el simbolismo del proyecto involucrado.
Accidentes que siguen ocurriendo.
Otros hechos graves refuerzan el patrón de riesgos no resueltos:
- Descarrilamiento de “La Bestia” en Tabasco (2013): al menos 12 migrantes muertos.
- Colisión tren–autobús en Atlacomulco (2025): 13 personas fallecidas en un cruce sin barreras.
- Colapso de la Línea 12 del Metro CDMX (2021): 26 muertos en uno de los peores accidentes ferroviarios urbanos.
Una advertencia ignorada.
El choque del Tren Interoceánico no es un hecho aislado, sino una señal de alerta. La historia demuestra que los errores humanos, las fallas estructurales, la deficiente señalización y la supervisión insuficiente han sido constantes en las tragedias ferroviarias más graves del país.
Mientras las autoridades investigan qué falló, el accidente de Oaxaca ya quedó inscrito como uno de los episodios más contundentes y preocupantes del ferrocarril mexicano, y como un recordatorio incómodo: en México, el discurso del progreso sigue viajando peligrosamente cerca del descarrilamiento.


