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La Bilis por Don Póstula: ¡El Cervantino está más vivo que nunca! “Nomás” falta avisarle al cadáver.

Don Póstula.
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¡Mis queridos infectados de esta podrida realidad mexicana! Resulta que al Festival Internacional Cervantino le está saliendo una pústula del tamaño del mismísimo Pípila. Y mientras la cultura popular parece agonizar en los callejones de Guanajuato, nuestros distinguidos burócratas siguen sonriendo para la fotografía, como si acabaran de inventar el arte.

¡Qué chingonería de funcionarios! Si los aplausos propios generaran derrama económica, ya seríamos potencia mundial.

Pero los números, esos desgraciados que no saben respetar los discursos oficiales, cuentan otra historia: durante el primer fin de semana llegaron 6,899 visitantes menos que en el periodo comparable del año pasado, y la derrama económica cayó 9.6 millones de pesos. ¡Pero tranquilos, que todo es un éxito!

Hasta presumieron haber superado una meta hotelera del 40%, aunque la ocupación bajó respecto al año anterior. ¡Carajo! Con semejante talento para poner la vara por los suelos, hasta un cadáver podría ganar una carrera.

Y mientras tanto, ¿dónde quedó aquel Cervantino de juglares, músicos, títeres, mochileros y plazas repletas? Ese donde uno salía con veinte pesos y regresaba con una experiencia cultural, una torta y hasta una historia de amor mal correspondido. Hoy, según lamentan algunos habitantes, parece que la cultura se está convirtiendo en un espectáculo donde el pueblo tiene el privilegio de mirar desde afuera.

Eso sí, no confundamos las cosas: los artistas internacionales no tienen la culpa. El problema está en esa burocracia cultural que parece creer que un festival se mide por el tamaño de sus escenarios, la cantidad de fotografías oficiales y los centímetros de sonrisa de sus funcionarios.

¡Y pobre Don Quijote! Si despertara en este Cervantino, seguramente confundiría los torniquetes con molinos, las taquillas con gigantes y los boletines oficiales con novelas de fantasía.

Lo verdaderamente grotesco no es que haya menos visitantes en un fin de semana. Es que, ante las señales de alerta, algunos prefieran sacar la trompeta y tocar una marcha triunfal. La cultura no debería ser un banquete exclusivo donde los políticos brindan, los artistas trabajan, los comerciantes esperan y el pueblo recoge las migajas.

En fin, queridos infectados, todavía hay tiempo de que el Cervantino recupere algo de aquella magia que lo hizo grande. Pero primero habrá que conseguir un milagro mucho más complicado que resucitar a Don Quijote: ¡Que los funcionarios dejen de aplaudirse solos y se pongan a trabajar!

Y si el Cervantino termina muriéndose de tanta burocracia, no se preocupen: seguramente le organizarán un homenaje internacional, con presupuesto público, invitados especiales y entrada VIP. ¡Hasta la próxima supuración!

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Caricaturista de oficio, venenoso por naturaleza y enemigo declarado de la hipocresía. Con tinta negra, humor grotesco, sarcasmo y muy mala leche, retrato los absurdos del poder y las miserias de nuestra sociedad.