YURIRIA.- La Laguna de Yuriria cerró septiembre de 2026 con un nivel de almacenamiento inferior al registrado un año antes, de acuerdo con información de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en un contexto marcado por los desafíos ambientales que enfrenta uno de los cuerpos de agua más importantes del sur de Guanajuato.
Según la gráfica del Boletín Hidrométrico y Climatológico de la Dirección Local Guanajuato de Conagua, correspondiente al 30 de septiembre, el almacenamiento de Yuriria se ubicó en 73.3% de su Nivel de Aguas Máximo Ordinario (NAMO), mientras que en la misma fecha de 2025 alcanzaba el 82.1%.

La diferencia representa una disminución de 8.8 puntos porcentuales respecto al nivel de referencia, lo que evidencia un menor almacenamiento relativo al cierre de septiembre. Sin embargo, este indicador por sí solo no permite determinar las causas de la reducción ni establecer el estado de calidad del agua.
Más allá de los niveles de almacenamiento, la laguna enfrenta un problema ambiental que continúa generando preocupación: la proliferación del lirio acuático y la contaminación asociada con las descargas de aguas residuales.
Retirar el lirio no basta si continúa la contaminación.
Durante años, el lirio acuático ha representado uno de los problemas más visibles de la Laguna de Yuriria. Su proliferación puede dificultar la navegación, afectar actividades pesqueras y recreativas y alterar las condiciones ecológicas del cuerpo de agua.
Aunque se han realizado esfuerzos para retirar esta vegetación, la extracción mecánica o manual, por sí sola, no garantiza una solución duradera. El problema de fondo está relacionado con la calidad del agua. Las descargas de aguas residuales sin tratamiento adecuado pueden aportar nitrógeno, fósforo y otros nutrientes que favorecen el crecimiento acelerado de plantas acuáticas, entre ellas el lirio.
Por ello, retirar toneladas de lirio sin reducir la entrada de contaminantes puede convertirse en un ciclo costoso y repetitivo: se limpia una superficie y, mientras persistan las condiciones que favorecen su reproducción, la planta puede volver a extenderse.

En este escenario, resulta indispensable revisar el tratamiento de las aguas residuales procedentes de Yuriria y de los municipios vecinos cuyas descargas lleguen a la laguna a través de su sistema de alimentación.
La solución no puede limitarse a retirar la vegetación visible. Requiere identificar los puntos de descarga, verificar el funcionamiento de la infraestructura de saneamiento y reducir la carga de nutrientes que ingresa al ecosistema. La limpieza del lirio puede ser necesaria para recuperar espacios y facilitar determinadas actividades, pero sin saneamiento de fondo sus resultados serán limitados y difíciles de sostener a largo plazo.
Yuriria no es el único almacenamiento con niveles inferiores a 2025.
La misma gráfica de Conagua muestra que los otros tres almacenamientos considerados también registraron porcentajes menores respecto al 30 de septiembre de 2025.
La presa Solís pasó de 111.5% a 102%, mientras que la presa Allende presentó una de las disminuciones más pronunciadas, al pasar de 88.3% a 47.3%. Por su parte, La Purísima descendió de 62.8% a 44.8%.

Aunque los cuatro almacenamientos muestran reducciones, sus condiciones particulares y la operación hidráulica de cada uno deben analizarse por separado. Los porcentajes corresponden al NAMO, no a una medición directa de contaminación o disponibilidad de agua potable.
Una laguna que necesita soluciones de fondo.
La Laguna de Yuriria no solamente representa un atractivo turístico del municipio. Es un ecosistema de relevancia ambiental, un espacio de importancia histórica y una fuente de actividad económica para familias dedicadas a la pesca, los paseos en lancha y el comercio. Por ello, su recuperación exige una estrategia que atienda simultáneamente la disponibilidad y calidad del agua, el control del lirio acuático y el tratamiento de las descargas residuales.
La responsabilidad debe ser compartida entre los municipios involucrados, el Gobierno de Guanajuato y las autoridades federales competentes. La pregunta de fondo ya no es únicamente cuántas toneladas de lirio pueden retirarse de la laguna, sino cuánto se está haciendo para impedir que las aguas contaminadas sigan favoreciendo su reproducción.
Mientras no se resuelva esa parte del problema, los trabajos de extracción seguirán enfrentando el riesgo de ofrecer resultados temporales. Yuriria necesita algo más que jornadas de limpieza y anuncios de inversión: requiere infraestructura de saneamiento que funcione, vigilancia de las descargas y una recuperación ambiental que pueda comprobarse con resultados.


