URIANGATO.- Detrás de cada emprendimiento hay una historia de esfuerzo, sueños y perseverancia. Ese es el caso de “El sabor de Coco”, un negocio familiar de la zona sur de Guanajuato que, a través de sus tamales y atoles, ha logrado conquistar el paladar de cientos de personas, llevando consigo un legado que comenzó con la señora Mónica Yanina Gómez y que hoy continúa bajo la dirección de su hijo, Mario Alberto Pérez Gómez.
La historia de este negocio comenzó de una manera sencilla: con una pequeña mesa instalada afuera de las oficinas de la CFE en Uriangato. Posteriormente, gracias al trabajo y la dedicación de la familia, dieron un paso más al incorporar un triciclo para acercar sus productos a más clientes.
Con el paso del tiempo y por azares del destino, encontraron un local disponible en el Portal de Uriangato, el cual tuvieron la oportunidad de rentar y adaptar para brindar una mejor atención a quienes los visitaban. Así comenzó una nueva etapa para este emprendimiento que no ha dejado de crecer.
Actualmente, “El sabor de Coco” cuenta con un establecimiento en el Portal Independencia #16A, en Uriangato, además de un carrito adaptado para la venta en la calle Aguascalientes, esquina con avenida Puebla en Moroleón. Los sábados y domingos también pueden encontrarlos en el jardín principal de Moroleón, en la esquina del Portal Matamoros y la calle Guerrero.
Para la familia, “El sabor de Coco” representa mucho más que un negocio: es el legado que dejó la señora Mónica Gómez a sus hijos y esposo. Sus enseñanzas, el amor por la cocina y las recetas que compartió con ellos siguen presentes en cada producto que preparan.

Actualmente ofrecen una amplia variedad de tamales, entre ellos los tradicionales de hoja de maíz y los oaxaqueños, también conocidos como tamales de hoja de plátano. Cuentan con 13 sabores, entre los que destacan zarzamora con queso, piña coco, guayaba, chocolate, pollo en salsa verde y roja, rajas con queso, carnitas en salsa roja, chicharrón prensado, entre otros.
Y para acompañar estas delicias, cuentan con más de 20 variedades de atole. Durante esta temporada otoñal, algunos de los favoritos de sus clientes son los de calabaza, cempasúchil y flor de Nochebuena, sabores que también buscan mantener vivas las tradiciones y sorprender a quienes los visitan.
Uno de los momentos más importantes para este emprendimiento llegó gracias a la invitación del área de Turismo de Moroleón para participar en un evento gastronómico estatal. En esta ocasión, la familia decidió llevar una propuesta muy especial: el atole de pitahaya, una bebida que logró llamar la atención y obtener una buena aceptación del público. Su participación comenzó en el municipio de Acámbaro, donde consiguieron avanzar a las finales, para posteriormente competir en Irapuato y obtener el cuarto lugar a nivel estatal.
Para Mario y su familia, esta experiencia representó mucho más que un resultado en una competencia. Fue una oportunidad para dar a conocer su trabajo en otros municipios, mostrar parte de la riqueza gastronómica de la región y recibir el reconocimiento de la gente de Moroleón y Uriangato. Mario Alberto comparte que, más allá del lugar obtenido, la aceptación del público y el reconocimiento recibido fueron el mejor premio.
Como todo negocio, el camino de “El sabor de Coco” ha tenido altas y bajas. Sin embargo, Mario Alberto considera que la clave para salir adelante está en la constancia, el sacrificio y, sobre todo, en ofrecer productos de calidad y un buen servicio. Reconoce que los clientes son una parte fundamental de su crecimiento, pues gracias a su preferencia y confianza el negocio ha podido mantenerse y llegar a nuevos lugares. Para él, no hay mejor publicidad que la recomendación de una persona satisfecha con lo que consume. Esa confianza es la que los motiva a seguir trabajando y mejorando cada día.
Con la intención de continuar innovando y ofreciendo nuevas experiencias a sus clientes, “El sabor de Coco” ya prepara más propuestas para ampliar su menú. Entre sus próximos proyectos se encuentra incorporar el tamal de pastor y el llamado tamal montado, una preparación especial que lleva salsa, crema, queso y carnitas. Además, buscan continuar sorprendiendo con nuevos sabores de atoles de temporada.
Finalmente, Mario Alberto Pérez Gómez y toda la familia de “El sabor de Coco” agradecen a Región Sur Gto por el espacio y por tomar en cuenta su historia, así como a cada uno de sus clientes por acompañarlos y ser parte de este crecimiento. La invitación está abierta para que más personas conozcan este emprendimiento, disfruten de sus sabores y apoyen el talento local. Porque detrás de cada tamal y cada taza de atole hay mucho más que una receta: hay una familia, una historia de trabajo y el cariño de una madre que sigue presente en cada preparación.


